Organizaciones más planas: cómo hacer la transición sin generar caos

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Organizaciones planas

La tendencia hacia las organizaciones planas

En los últimos años, el modelo de grandes jerarquías con múltiples capas de management cedió el terreno ante estructuras más horizontales, donde la toma de decisiones no solo es más rápida, sino que los equipos tienen mayor autonomía y la burocracia interna se reduce generosamente. Randstad identifica esta transición como una de las ocho tendencias laborales más relevantes para 2026 en Argentina.

Las razones son bastante claras: las estructuras pesadas ralentizan las respuestas al mercado, generan costos que a veces son totalmente innecesarios y sobretodo frustran al talento joven que no quiere esperar cinco niveles de aprobación para hacer algo. Pero aplanar una organización sin un proceso riguroso de diseño puede ser peor que mantener la jerarquía que se tiene actualmente.

El error más común: quitar niveles sin rediseñar el sistema

La trampa clásica de la ‘great flattening’ es eliminar posiciones gerenciales sin redefinir quién toma qué decisiones, cómo fluye la información y dónde reside la responsabilidad. El resultado no es la agilidad: es el caos. Los equipos no saben cómo ni a quién escalar, los líderes que quedan absorben más carga de la que pueden gestionar y la cultura organizacional, sin el soporte de referentes intermedios, se diluye rápidamente.

Aplanar con sentido requiere responder antes que nada una gran pregunta: ¿qué valor real aporta cada capa de management? Donde hay valor real de coordinación, desarrollo de personas o gestión de complejidad, la capa tiene razón de ser. Donde solo hay aprobación de lo que otros deciden, puede eliminarse o rediseñarse.

Rediseñar roles y responsabilidades

El nuevo modelo requiere que los equipos sean más autogestionados. Eso no ocurre solo porque se elimine una capa gerencial: requiere trabajo previo. Los equipos necesitan claridad sobre los objetivos, criterios de decisión y límites de autonomía. Sin eso, la horizontalidad se convierte en una gran indefinición.

Los frameworks de OKRs (Objectives and Key Results) bien implementados ayudan a resolver este gran desafío: cuando cada equipo tiene objetivos claros y métricas de seguimiento acordadas correctamente, el management puede ejercerse con más ligereza porque el sistema de dirección está integrado en la forma de trabajar, no depositado en una sola persona.

El nuevo perfil del líder en las estructuras planas

El manager que funciona en estas estructuras planas es fundamentalmente diferente al manager clásico de control y supervisión. Necesita una mayor tolerancia a la ambigüedad, capacidad real de delegar y desarrollar a otros, habilidad para facilitar decisiones colectivas y comunicar con claridad la dirección estratégica de la empresa.

Este perfil no surge de forma espontánea ni al azar. Requiere procesos de desarrollo específicos para líderes, claridad sobre las nuevas expectativas del rol y tiempo para que la transición cultural se consolide. Las organizaciones que cambian la estructura de un día para el otro sin trabajar el cambio cultural suelen volver al modelo anterior en menos de un año y a veces incluso con más inconvenientes de los que ya tenía.

¿Cuándo tiene sentido avanzar hacia estructuras más planas?

No todas las organizaciones están listas ni son el contexto adecuado para poder avanzar. Las estructuras planas funcionan mejor en empresas con alta madurez de sus equipos, culturas de confianza consolidadas y negocios donde la velocidad de respuesta es una ventaja competitiva real. En organizaciones en etapa de alta incertidumbre o con equipos poco desarrollados, la estructura puede brindar la contención que se necesita en ese momento.

La decisión de aplanar debe ser estratégica, y no reactiva. Y si se decide tomarla, debe ejecutarse con el mismo rigor que cualquier transformación organizacional de impacto, es decir, con un buen diseño, comunicación y acompañamiento de todos.